Te dije que no, aceptándome recluso
-entre adioses que jugaban pícaros a quedarse-
Te dije que no aun mintiéndome en lo obvio
que el azar nunca fue un juego
cómplice de mi piel marchita
o rocío frío de la gota amarga
que desenhebró la verdad
poco a poco entre las hojas ocres
de un otoño de antaño ya avisado en acre lamento.
Que no te dije nada cuando dije no
al dejar morir los lápices cobardes
que no escribieron victorias o conquistas
pero perpetuos treparon extraviados
inanes , vacuos y derrotados
las paredes de mi celda obsesa
sin ser nunca palabra de Roma
que despertara brisa o amor
en los lánguidos océanos de tu ausencia
y así yermo en verbos me refugio
y proclamo en este disfraz de verso
que no soy palabra ni tan siquiera
ser humano confuso en laberinto mortal